Home Photo Gallery English
El Centro Firestone
 

El Legado de Restauración

Discurso ofrecido por el señor Jack Ewing
el día 19 de Marzo de 2005
en el acto formal de donación de la propiedad conocido como “Isla del Cielo”
de la señora Diane Firestone a Pitzer College

Hoy estamos reunidos aquí debido a una parcela de tierra -- esta pequeña porción del Planeta Tierra en donde estamos ahora -- esta tierra que llamamos “Isla del Cielo.” Y mirando al rededor, puede alguien dudar el porqué Diane le dio este nombre. Usted siente como que realmente está en una “Isla en el Cielo.” Y sabiendo que durante miles de años pasados mucha gente diferente ha vivido y usado esta tierra, cada uno en su propia forma de ganarse la vida; yo estoy seguro de que todos ellos deben haber experimentado el mismo sentimiento mientras estuvieron aquí, el sentimiento de estar en una “Isla en el Cielo”

Si retrocedemos 5000 años encontraremos que aquí el bosque lluvioso era supremo, con árboles muy grandes, jaguares, dantas, lapas rojas y águilas arpía. Sabemos que en ese tiempo esta tierra fue utilizada por una gente robusta para quienes no tenemos nombre. Ellos no tenían el concepto de la tenencia de la tierra sino un instinto natural de territorialidad. Ellos vivían una vida nómada, se abrigaban en cavernas y se las ingeniaban cazando animales y recolectando productos del bosque para sobrevivir. Ellos vivían y andaban en pequeñas bandas o unidades familiares. Así como podemos ver ellos no hicieron nada para degradar esta tierra.

Si retrocedemos 2000 años, encontraremos que esta tierra estaba ocupada por tempranos agricultores a quienes los arqueólogos llaman la “Gente de Aguas Buenas.” Nosotros sabemos a través de sus artefactos, algunos de los cuales han sido encontrados en esta tierra, que ellos cultivaron plantas para alimento, y esto lo complementaron con carne y frutas del bosque. Ellos vivían en pequeñas aldeas y practicaban el arte y la religión. Hay indicadores de que su población no fue excesiva, su agricultura no se desarrolló a tal grado que requirió una deforestación extensiva, y su impacto en la tierra fue mínimo.

1400 a 1300 años atrás hubo un misterioso cambio de habitantes. Nadie sabe qué precipitó el cambio, pero evidencias arqueológicos muestran que la Gente de Aguas Buenas fue abruptamente reemplazada por la “Gente Chiriquí.” Esto puede haber sido el resultado de la conquista, migración y absorción de cultura, hambruna o alguna catástrofe de la naturaleza. Pero sin importar las circunstancias de su llegada, los Chiriquí prosperaron y se multiplicaron.

De su arte, manualidades y herramientas, nosotros sabemos que ellos fueron más avanzados que sus predecesores. Siendo este el caso, nosotros podemos asumir que ellos fueron más eficientes explotando la tierra, deforestando para facilitar la agricultura, cazando y pescando para proveer de alimentos a la población en crecimiento. Nosotros no sabemos cuantos eran, pero sabemos que en un radio de diez kilómetros de esta tierra hay cientos de cementerios con miles de tumbas individuales. Es probable que su población excediera a la de hoy. Podemos concluir que su impacto en la tierra fue considerable. Acerca de unos 500 años atrás, desaparecieron.

¿Porqué se fueron? Una vez más, la pregunta está abierta a la especulación. Algunas personas creen que la guerra entre la Tribu Brunka del Sureste y la Tribu Quepo del Noroeste puede haber sido la razón. También es posible que durante los 700 a 800 años que ellos ocuparon esta tierra, la degradaron al punto que ya no podía sostenerlos.

Para tener una mejor perspectiva de esto, trate de imaginar como podría ser esta tierra dentro de unos 700 años, o el lugar en donde ustedes viven, asumiendo que nada intervendría para desviar el curso actual de nuestro mundo.

Pero volviendo al tema del destino de los Chiriquí, lo único que nosotros sabemos con alguna certeza es que los primeros españoles que vinieron a esta región a principios de los años 1500, la encontraron inhabitada desde el Río Barú hasta el Río Savegre. Lo que ellos tal vez encontraron fue algunas piedras grandes localizadas en un lugar que evoca una Isla en el Cielo, gravadas con diseños extraños que hasta este día estimulan la imaginación e invitan a la especulación.

Los europeos no querían esta tierra inclinada, quebrada y con poca llanura fértil. Otros lugares tenían más para ofrecer. Así que la dejaron sola. Trajeron enfermedades que diezmaron los indígenas de la región, disminuyendo la población a una fracción de sus antecesores. Esta tierra quedó inhabitada durante 400 años. Durante ese tiempo fue cuidada por el mejor cuidandero que la tierra ha conocido, La Madre Naturaleza. Los ecosistemas naturales se recobraron totalmente al momento en que los primeros pobladores modernos llegaron a principios de los años 1900. Y los primeros en poner pie en esta tierra, la encontraron poseída por un bosque con árboles gigantes y repleta de fauna de todas clases.

Los nuevos ocupantes eran más “avanzados” que los Chiriquí. Sus herramientas eran hechas de hierro mejor que las de piedra y eran más eficientes para talar el bosque que ellos consideraban que era inútil. Su misión era conquistar la naturaleza y hacer producir la tierra, y lo hicieron con mucha energía. La naturaleza fue domada -- cientos de especies y miles de organismos individuales fueron destruidos -- y la tierra se plantó con cultivos para la alimentación humana y pasto para ganado.

El primer pionero que ocupó esta tierra fue un hombre llamado Miguel Gómez quien lo único que hizo fue usar su machete para chapear un carril y establecer así su derecho de posesión.

El siguiente que vino fue José Barboza quien empezó el proceso de domar la naturaleza usando su hacha para talar, a sus bueyes para mover las tucas que ocupaba para su casa y corral, y el fuego para eliminar los demás troncos que estorbaban, y después sembró pasto para el ganado.

Él fue seguido por Eduardo Moreno y Eladio Gamboa, quienes utilizaron moto sierras en vez de hachas y tractores en vez de bueyes para deforestar en forma más rápida y eficiente.

A mediados de los 60 cuando un hombre llamado Gonzalo Quirós compró esta tierra y trajo a su familia a vivir aquí, había poco para seguir deforestando. La finca era casi toda de pasto para la producción de ganado de carne. Solo quedó una pequeña porción de bosque cerca de las quebradas mas inclinadas y alrededor de las nacientes de agua. Durante 25 años Don Chalo crió ganado en esta tierra, y cuando él murió sus herederos la vendieron a una dama de un lugar llamado California.

Como todos nosotros sabemos esta dama fue Diane Firestone, y su llegada aquí marcó una nueva fase de cuido. Diane no tuvo interés en producir carne deshuesada para McDonalds y Burger King. En lugar de eso, ella llegó con ideas frescas sobre cómo usar la tierra para ganarse la vida y al mismo tiempo mejorarla. La técnica se llamaba uso sostenible y Diane hizo un esfuerzo determinado para alcanzarlo. Ella viajó hasta al Sureste de Asia para aprender sobre el bambú, un recurso renovable. Trajo expertos con amplios conocimientos en una benévolo clase de agricultura llamada permacultura. Reemplazó muchos pastizales con otros tipos de vegetación. La biodiversidad se incrementó, los suelos renacieron y los organismos desplazados hacía mucho tiempo volvieron a esta tierra. Otros observaron estos proyectos con creciente interés, y algunos vieron la lógica de producir en una forma sostenible y nutrir la tierra en lugar de simplemente explotarla. Su ejemplo plantó una semilla en la mente de las personas y precipitó un cambio en el pensamiento local.

Pero los acontecimientos de la vida de Diane la llevaron a lugares distantes donde se le dificultaba controlar el cuido de la tierra que ella amaba. Así que ella se propuso encontrar el cuidandero perfecto. Todos nosotros sabemos cual fue el final de la búsqueda, y ese es el porqué estamos reunidos hoy aquí.

Si usted ha estado escuchando cuidadosamente, puede haberse dado cuenta de que durante toda la historia de esta tierra cada avance del conocimiento trajo un incremento en el impacto. En lugar de traer sostenibilidad, el mayor conocimiento trajo explotación más efectiva. Pero, Diane Firestone revirtió el ciclo y comenzó un sistema de cuido responsable. Y ese es el legado que hoy hereda a la Universidad Pitzer.

Yo creo que es apropiado que Diane escogiera a una institución de aprendizaje para cuidar la “Isla del Cielo.” Proponiendo un ejemplo ella inició un proceso educacional el cual continuará y se expandirá con los nuevos cuidadores. Yo creo que Pitzer es merecedora de la responsabilidad y el reto.

Si usted me preguntara: ¿Cuál es el problema más serio con la educación de hoy? Yo debería decir que las instituciones de aprendizaje formales están enseñando a los jóvenes, quienes formarán la nueva generación, cosas diferentes a las que necesitan aprender.

En vez de aprender cómo vivir sosteniblemente y en armonía con el medio ambiente natural, los estudiantes están aprendiendo cómo explotar la tierra más eficientemente, cómo extraer más recursos con menos inversión, cómo degradar nuestro planeta más rápidamente, cómo hacer más efectivos los saqueos de estas riquezas. Les enseñamos que hay que producir, producir, producir y que toda la producción es buena, sin ninguna mención de los costos ambientales que tendrán que pagar las futuras generaciones.

Con esto en mente, yo quisiera hacer un desafío a los nuevos responsables de la Isla del Cielo, y al mismo tiempo ofrecerles una oportunidad.

Yo reto a ustedes, Universidad Pitzer a enseñar a nuestros jóvenes no cómo explotar esta tierra, si no cómo nutrirla, no cómo incrementar las ganancias a costas de la naturaleza, si no cómo ganarse la vida mientras se restauran ecosistemas y se enmiendan los errores pasados, no cómo ganar más a corto plazo, si no cómo dejar más en un largo trayecto.

Y en la búsqueda de estos objetivos yo les ofrezco la oportunidad de trabajar juntos con otros quienes comparten los mismos valores, otros como el Refugio Nacional de Vida Silvestre Hacienda Barú, ASANA, y la Fundación para el Corredor Biológico Paso de la Danta. En el aula, en el campo y con el buen ejemplo ayudaremos a otros a aprender no sólo cómo vivir de la tierra, si no también cómo vivir con la tierra, venerarla, restaurarla y cuidarla. Tal vez no seamos capaces de cambiar el curso de los acontecimientos en toda la Tierra, pero podemos nutrir la planta recién nacida de la semilla que Diane sembró para asegurar que al madurar forme una tradición sólida de responsabilidad en el uso de la tierra.

Y si hacemos bien nuestro trabajo, en 50, 100 o incluso 700 años desde hoy, los descendientes de los aquí presentes, echarán un vistazo a la Isla del Cielo, una vez encomendada a la Universidad Pitzer por Diane Firestone, y ellos dirán orgullosamente que sus antepasados empezaron el proceso que convirtió esta región entera en un paraíso para todos los seres vivos. Este es ese legado. Úsenlo sabiamente.

Yo quiero agradecer a cada uno de Pitzer por darme la oportunidad de dirigirme a todos ustedes en esta ocasión especial, en este lugar especial -- la Isla del Cielo.

Y un especial agradecimiento a Diane Firestone por todos estos acontecimientos.

English