Hacia un cine político:
La Cooperativa de Cine Marginal
José Carlos Méndez (19 de julio de 1972)
Figures
En el mes de junio de 1971 se realiza el II Concurso de Cine
Experimental en 8mm, con el tema "El Problema Principal", auspiciado
por el Comité de Agitación Cultural de la Escuela
Nacional de Economía de la UNAM. Durante las proyecciones,
que incluyen debates entre el público y los realizadores, se
repartieron diversos panfletos, unos a título personal y otros
pertenecientes a grupos pequeños que habían participado en
la realización de alguno de los trabajos presentados, pero todos
en un tono politizante; pretendiendo dar un enfoque político
del cine y del concurso mismo. Y es que lo inevitable del concurso
es que se situaba bajo la influencia del movimiento estudiantil de
1968. La desmovilización que se creó después del
2 de octubre hizo que muchos activistas ablandaran la acción
política y fueran absorbidos, de una y otra manera, por la
"onda," la "cultura," etc., o simplemente quedaran aislados. Todos, sin
una perspectiva clara de qué hacer. El concurso surgió
en medio de esta situación, logrando que confluyeran nuevas
tendencias que buscaban expresarse a través del cine. Es claro
que no todos lo asumen de la misma manera: para unos es una forma de
continuar la lucha política, o un receso en espera de condiciones
más favorables; para ogtros, es un refugio, una defensa frente
a un sistema que de todas maneras no aceptan, pero que no comprenden y
el cual sufren existencialmente.
La mayor parte de las películas expresaban las vivencias personales
del 68, aunque de manera distinta e incluso antagónica. Unas
reflejaban la frustración,
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otras el escepticismo, el oportunismo, el optimismo político. Todas
se man-tenían en un nivel de impugnación, de
provocación, de rechazo, algunas de ellas en un oportunismo
descarado, o de justificación, de buena conciencia. Sin embargo,
la vieja discusión sobre cine comprometido políticamente,
o artísticamente, sobre el carácter burgués de
los concursos, de las competencias, que impulsan y pro-mueven una
visión individualista y no social, sobre, el integracionismo y
el izquierdismo, el reaccionarismo y el dogmatismo, etc., se pusieron
de manifiesto en los debates, todo lo cual dio como resultado que se
cristalizara en dos posiciones, en dos grupos antagónicos e
irreconciliables, por cuestiones de principios: los que estaban por un
cine de creación (expresión) personal, y los que estaban
por un cine como hecho, como producto social, por un cine que fuera un
instrumento político. Unos se declaran "independientes," otros,
"marginales." Los "independientes" se declaran independientes de la
industria (a la que ven en sí misma) pero dentro de los marcos
del sistema. Los marginales se declaran contra la industria (a la que
no ven como algo aislado, sino como el instrumento del estado en el
campo del cine) y contra el sistema. Todo esto, en general, se daba
más en un tono de radicalismo ideológico que en un nivel
de claridad teórica realmente crítica y polémica,
lo que hacía presente el riesgo de que todo aquello no fuera
sino una repetición más de la vieja disputa, falsa como
polémica, entre una concepción liberal y una populista. Lo
nuevo era que tal discusión se daba en México en el
terreno del cine. Terminado el concurso, ambos bloques se constituyen
en grupos organizados: el Taller de Cine Experimental y la Cooperativa
de Cine Marginal.
La Cooperativa de Cine Marginal se forma para hacer el cine que
proponía y tratar de dar un contenido real a lo dicho, a su
carácter de marginal. Conscientes de que hacer cine de modo
individual no es posible, unen fuerzas, recursos, sobre la base de
acuerdos mínimos, dada la heterogeneidad de sus componentes: una
ideología, una actitud de izquierda. Conscientes también de
que el cine hay que exhibirlo y confrontarlo con el público para
que tenga sentido, para que se cumpla la función propuesta, y de
que, por otra parte, si no se exhibe y se recupera su inversión
no se puede seguir produciendo, se aboca a la tarea de crearse su
propio sistema de distribución y exhibición. Se hace cine
político de autor, aunque los guiones y las películas
terminadas se discuten colectivamente
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para decidir si éstas se exhiben o no. Todos hacen de todo: se
filma, se dirige, se edita, se proyecta y se dirige el debate, se busca
el público. El equipo es común, todos ayudan a todos,
todos discuten todo. En esta primera etapa que dura aproximadamente
seis meses, los cooperativistas desarrollan un gran trabajo tanto en la
producción como en la exhibición. El público natural
lo constituyen los estudiantes y se proyecta en algunos sindicatos
obreros. Durante este tiempo, en los medios estudiantiles del D.F.,
principalmente preparatorios, así como en algunas universidades
de provincia, se hizo familiar la figura del cooperativista cargando el
proyector adaptándose a las condiciones existentes para proyectar
sobre una manta o una pared, entablando el debate que cambia de forma y
enfoque según el público. Por ejemplo, una película
como Jueves de Corpus sobre el 10 de junio, no lograda ni en
la forma ni en el contenido (como visión política de los
hechos), suscitaba diferentes clases y niveles de discusión; en las
prepas del D.F., predominaba lo emotivo más que el análisis;
se condenaba al régimen en bloque como represivo, sin ver su
composición, se estaba de acuerdo en que la "apertura" era una
frase, un slogan demagógico, en si fue o no acertado salir a
la calle en la necesidad de la denuncia (lo que sigue en pie) de los
culpables materiales (que siguen en el aire), en fin, dominaba el nivel
ideológico y emotivo. En la avidez por ver, por el documento,
por solidarizarse con las víctimas de la agresión siquiera
fuera a través de la visión cinematográfica de
los hechos; por ampliar la información y confrontarla con la
visión que de ello había dado la prensa. En ambos medios se
preguntaba al cooperativista si él había estado allí,
cómo habían filmado y demás anecdotario. En
otros medios (obreros) la represión no causaba el mismo asombro,
aunque no por ello la indignación decrecía; acostumbrados a
las deformaciones de la prensa, los más avanzados querían
también ver e informarse. Los debates dependían en buena
parte del nivel y la experiencia del cooperativista en turno, sobre
todo porque la película en sí, más allá
del testimonio, es limitada en sus elementos y el debate, en mucho, se
planteaba desde afuera de ella. Debo decir que Jueves de Corpus es
previa a la formación de la Cooperativa y que sólo la empleo
como ejemplo por ser una de las más proyectadas y por expresar la
visión política subjetiva que por ese tiempo existía.
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En esta primera etapa las discusiones son agotadoras e interminables
entre los teóricos y los prácticos. La contradicción
principal está entre una concepción de autor de cine y
una efectivamente política en cuanto a todo lo que ésta
implica. En la práctica, en las películas presentadas,
esta contradicción se manifiesta como una visión
subjetiva, fundamentalmente emotiva, de la política. Esta
contradicción, en la que subyace toda una estructura
ideológica pequeño-burguesa, no es privativa de la
Cooperativa, sino que es un problema social en nuestro medio, un hecho
histórico. En el reconocimiento, en la comprensión de este
hecho está el principio de su superación.
Esta primera etapa se sitúa entre el 10 de junio y las primeras
movilizaciones del STERM y el MSF (Movimiento Sindical Ferrocarrilero),
pasando por Avándaro. Avándaro es el primer acontecimiento
social al que la Cooperativa se enfrenta como tal. Cercano a los
cooperativistas en todos los sentidos, en tanto hechos dirigidos a las
clases medias, Avándaro exigía su filmación. El
peligro obvio era hacer un Woodstock mexicano. Se discutió en
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forma crítica lo que Avándaro implicaba como hecho social
y político y se decidió filmarlo en forma colectiva: el
material se filmaría colectivamente y se intercambiaría
entre quienes, de forma individual, se interesaran por hacer su
versión particular. No era una película de la Cooperativa
en su conjunto. El procedimiento para su distribución o no,
sería el mismo que se había seguido hasta ahora. El
único cambio, de hecho, estaba en el momento y la forma de
su filmación. El resultado fueron dos versiones distintas
y desiguales. La experiencia enseñó muchas cosas en
diferentes niveles: que el método adecuado de filmación en
estos casos era el que se había elegido (relevo de equipos, hacer
cada uno un determinado tipo de plano para ahorrar material, etc.) que
el prestigio personal en cuanto a quien había filmado determinado
momentos no importaba tanto como el hecho de que la película se
realizara, que el camino era el cine colectivo aunque no se destacaba
aún el cine de autor. La contra-dicción seguía
manifestándose en las limitaciones políticas de la
película terminada aunque en diversos niveles. Una, El
año del la rata, una de las películas más
logradas formalmente, básicamente relacionaba, mediante un
acertado montaje, Avándaro con el 10 de junio. Éste era la
represión, Avándaro la manipulación de la conciencia
y el desprestigio social más quede la juventud, de los estudiantes
en tanto que fuerza social políticamente actuante. En el centro
de ambos, el régimen. "Quemar" masivamente no solidariza sino
que amontona, hace bola, y cada bola con los suyos, sin revolverse. Del
cemento a las pastas hay una diferencia no sólo de refinamiento
sino económica y social.*
De cualquier manera nadie halló
lo que buscaba salvo los organizadores. La única consigna: amor
y paz, sólo fue un deseo, tan débil, tan en el aire que
no duró ni durante el regreso.
Pero la energía liberada y el vacío final calmarían
los ánimos rebeldes, forta-lecerían el escepticismo y la
frustración. Y si esto no es absoluto toda dis-minución
el campo contrario es ganancia. Avándaro evidencia la debilidad
en la memoria política; las participaciones meramente emotivas
se borran con nuevas emociones. Pero El año de la rata
mostraba otra cara de la moneda: los halcones en acción. Refrescaba
la memoria y relacionaba los hechos.
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Pero la película era limitada al no ir a las causas, a las
condiciones que per-miten la manipulación de la conciencia,
la debilidad de la memoria política, la canalización
enajenada de la capacidad de rebeldía, de contestación,
la insensibilidad política de la izquierda ante el
fenómeno. Si en el D.F. la película contribuía desde
sus propios elementos, no obstante sus limitaciones críticas a la
controversia y la desmitificación de Avándaro, tanto con los
que asistieron como con los que no, en la provincia su efecto fue mayor.
El año de la rataera, no obstante, un avance en el trabajo.
En esta situación, los teóricos insistían en
la necesidad de un mayor trabajo de análisis político
para no limitarse a dar la imagen del hecho y poder interpretarlo
críticamente, y tenían razón. Los prácticos
sostenían que los elementos necesarios para ello se encontraban
en la práctica misma, haciendo y no discutiendo las cosas,
y tenían razón. Ambos tenían razón sin
tenerla del todo. Es enmedio de estas discusiones que de cualquier
manera no paralizaban el trabajo, que el STERM invita a la Cooperativa
a filmar la movilización del 14 de diciembre en todo el interior
del país. Esta era la primera movilización que el Sindicato
de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana,
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dirigido por Rafael Galván, realizaba en el plano nacional para
protestar públic- amente por el despojo de la titularidad de su
contrato a manos de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje
en favor del charro Francisco Pérez Ríos.
Todas las secciones del STERM salieron a la calle a lo largo de toda
el país, absteniéndose sólo en el D.F. por tener
muy pocos miembros aquí y por el clima represivo ante cualquier
manifestación no consentida. Evidentemente, la gran prensa
no publicó nada al respecto, como tampoco lo ha hecho hasta
ahora. De aquí, en parte, que el STERM considerara útil
para su causa la función documental e informativa que la
Cooperativa podía aportar cinematográficamente. Se cubren
las principales secciones del STERM realizándose los primeros
comuni- cados con un carácter informativo y un llamamiento a la
lucha por la democracia sindical. La Cooperativa había planteado
absoluta independencia para su reali- zación; si había que
hacer cambios en la interpretación, en la visión que los
comun-icados tuvieran del movimiento, estos cambios se harían
a partir de las discusiones con las bases sindicales ante quienes
se proyectarían y debatirían. A partir de en-tonces se
filmaron todas las movilizaciones del STERM y del MSF. Durante este
periodo, los cooperativistas se convitieron en verdaderos activistas. Se
filmaba, se editaba, se discutían los enfoques, se proyectaba a
lo largo de casi todas las sec-ciones sindicales, se debatía. Se
participaba del auge de las masas y se colaboraba con ellas. El proceso
se imponía de tal manera que apenas si había tiempo de
discutir los comunicados, que ahora había asumido la Cooperativa
colectivamente y en su conjunto. La limitaciones con que ésta
había venido cargando había que superarlas sobre la marcha
en la forma y el nivel en que se pudiera. El proceso se imponía;
sin comprenderlo en todas sus determinaciones, se participaba en
él. Si en Avándaro la Cooperativa se había movido
en un terreno propio, por decirlo así, ahora estaba en un proceso
que se daba en el seno de la lucha de clases, del cual, hasta entonces,
había estado ajena. Lo vivido en el hecho mismo de filmar, en las
proyecciones y discusiones (aparte y luego del acelere) habían
puesto en crisis a los cooperativistas. Fue preciso replantearse todo,
pero desde la nueva perspectiva que le daba el movimiento obrero. El
cine político tenía ante sí la posibilidad de
cumplir una función revolucionaria, en la medida en que se
inscribía en un proceso político de clase obrera. Ya no era
la abstracción sino la concreción. No era ya un problema
de tomar partido, de solidarizarse, sino de radicalizarse.
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Radicalizarse iba desde dedicarle todo el tiempo al trabajo y no ya
los ratos libres, el tiempo robado a la vida cotidiana. Radicalizarse
era también superar los defectos técnicos, las
limitaciones del lenguaje cinematográ-ficamente empleado hasta
entonces. Radicalizarse era tratar de analizar
correctamente el hecho político; informarse, llenar
lagunas, discutir, aprender del movimiento, sensibilizarse,
comprender críticamente lo que pasaba. Esta necesidad de
radicalización, en la práctica, en el momento que se
requería de su concreción se manifestaba esencialmente en
los problemas que Guanajuato planteaba. Guanajuato, un comunicado sobre la
I Concentración Regional (Zona Centro) convocada por el STERM el 26
de enero en esa ciudad capital, prototipo de la reacción y a la que
asistieron además de los electric-istas, dele-gaciones campesinas
y del FAT (Frente Auténtico de Trabajadores), ferro-carrileros
vallejistas (MSF), y algunos estudiantes, presentaba problemas para su
edición; la imagen era pobre: travelings rapidísimos que no
alcanzaban a ser descriptivos y que no conducen a nada, abuso del zoom que
tampoco llevaba a nada, generalmente; algunos planos magníficos
de detalle, pero demasitado breves y escasos; abundancia de planos de
conjunto de la marcha y de la con-centración. El conjunto del
material filmado lograba transmitir la magnitud del acto cuantitivamente,
pero no la vitalidad, la atmósfera, el calor que se vive en toda
manifestación y mitin de protesta.
Lo que en el nivel emotivo, primero, implicaba una concentración
a la que con-currían compañeros y sectores
físicamente-y aun políticamente-desconocidos hasta
entonces, el hecho, para los electricistas que convocaban, de no saberse
solos, sino en una lucha de muchos por un objetivo común: la
democracia sindical, la lucha contra el charrismo, todo esto la imagen
no lo daba. Había que recurrir al texto en off, al apoyo del
discurso, parte del cual se dio final-mente en forma de canciones,
que son uno de los logros, de los aciertos de Guanajuato. Todo esto
constituía un problema de lenguaje, de comunicación
y de efectividad política. El problema era más grave
en cuanto a que no se reducía al nivel puramente formal,
sino que tenía que ver directamente con el de la visión
política que se buscaba; que había que mostrar que era lo
esencial de la Concentración como acto político de masas
y como etapa en el proceso de la lucha sindical. Saber esto de antemano
a la filmación hubiera contri-buido a una mayor captación,
a una búsqueda consciente de elementos visuales.
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Pero el problema seguía vigente en la realización del
texto; doblemente en cuanto que no sólo debía dar
una interpretación mínima, una información
con-cisa, sino que debía además suplir carencias,
corregir defectos de imagen, lo que ésta no daba por sí
misma. ¿Era reformista la lucha por la democracia sindical,
contra el charrismo? ¿O, en la medida en que el charrismo es
el principal instrumento del Estado para ejercer el control obrero
era una lucha contra el Estado, que por tanto se inscribía
en un proceso de lucha de clases, dejando de ser reformista para ser
revolucionaria? ¿Qué era, cuál era la historia del
sindicalismo en México, de sus luchas, de sus líderes?
¿Había algo nuevo, históricamente, en la lucha
del STERM, como táctica y como estrategia? ¿Qué
y cómo se había asimilado la experiencia de las luchas
obreras de 58 y 59? ¿Quién estaba en posición de
fuerza, el STERM o el charrismo? ¿Intervendría formalmente
el Estado y de qué manera, por qué razones? Todo esto
requería una información, un conocimiento histórico,
una concepción política, que en este caso se resolvió
de un modo empírico, recur-riendo a la experiencia personal de
algunos de los cooperativistas más avanzados. Se salió del
paso pero no se resolvió el problema hacia el futuro. Sin embargo,
se avanzaba un poco. Con Viento del Istmo un comunicado sobre la
gira de Demetrio Vallejo a Matías Romero, se logró otro
avance: se conseguía trans-mitir el ambiente del recibimiento,
de fiesta y combate, así como el objeto de la visita en palabra del propio Vallejo: la necesidad de la
organización y de la lucha como lo fundamental del proceso.
Durante esta nueva etapa, que va de diciembre del 71 a marzo del 72,
la coop-erativa realiza más de diez comunicados y termina dos
largometrajes, realiza un promedio mínimo de 14 proyecciones-debate
por semana en el D.F. y en el int- erior del país, y tiene
alrededor de treinta trabajos en proceso de edición. Después
de esta etapa, la Cooperativa se encuentra con que diariamente hay un
conflicto social o político que filmar en el país: se filman
algunos pero no es posible film- arlos todos. Esto es un problema que se
aborda desde dos puntos, dos concep-ciones: una que plantea una mayor
organización para cubrir el mayor número de conflictos;
otra que plantea la necesidad, dentro de las condiciones concretas en
que se encuentra la Cooperativa y dentro de las condiciones con-cretas
en que se da en este momento la lucha de clases en México, de
distinguir entre lo
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principal y lo secundario, según los conflictos expresen esta
lucha. Al discutir y corroborar en la práctica la necesidad de
actuar según el segundo plan-teamiento, la Cooperativa adquiere la
posibilidad, en principio, de no ser arra-strada por los acontecimientos
en forma inconsciente, sino de actuar críticamente.
Se decide filmar la marcha campesina de Puebla y Tlaxcala. Se discute su
carácter, su contenido, lo que expresa, su posible desarrollo; de
ello se obtiene el qué elementos se van a filmar, qué es lo
que, por medio del cine, se puede y debe captar para dar una visión
clara del contenido real de la marcha. Durante la realización de la
misma y antes de que termine se realiza, proyecta y debate un comunicado
informativo sobre ella en 16mm, con el que se pone a prueba la capacidad
de la Cooperativa en cuanto a oportunidad y eficacia en este nivel.
En esta nueva etapa se registra la prohibición represiva de la
manifestación de maestros del 15 de abril, al aparato oficial
del 1 de mayo, la manifestación estu-diantil, permitida,
en contra de la guerra de Vietnam. En el momento presente pueden
hacerse algunas afirmaciones y plantearse algunos problemas: que la
fun- ción política del cine se sitúa en el nivel
de la ideología, como un instru-mento de politización y
de concientización para lo cual no basta la película en
sí, sino que el debate es fundamental. De aquí, entre otras
cosas, que la Coop-erativa exige que toda proyección y debate sean
hechos por sus miembros exclu- sivamente, y porque es de aquí,
del encuentro de los cooperativas con su público
de donde surge no el tema sino el problema a filmar; es aquí
donde el cooperativista puede conocer la efectividad de su trabajo,
tanto en el plano del lenguaje como en el de la orientación
política. Las mejores críticas, las útiles, se
obtienen en la confrontación directa con el público al que
van destinadas. Aquí también es donde el cooperativista
se transforma, en parte, a sí mismo.
Las fuerzas sociales que se están expresando como lucha de
clases han creado condiciones ante las cuales la Cooperativa puede
desarrollarse; condiciones ante las cuales ésta estaba sensible
gracias al trabajo desarrollado hasta entonces. El desarrollo del cine
político está ligado al proceso de la lucha de clases,
no a los buenos deseos, a las concepciones subjetivas; sólo
participando dentro de él, este cine tiene un contenido y una
función revolucionarios, pero
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siempre y cuando se tenga una conciencia crítica de este
proceso mediante la cual sea posible superar el populismo, el
espontaneísmo, y demás ismos, que puedan conducir a la no
continuidad en el trabajo.
Habrá que decir que la Cooperativa no es un grupo político
de tendencia, en el sentido de que no pretende de ninguna manera
erigirse en organización de masas. Tiene, eso sí,
una posición política en cuanto que sus miembros se
asumen polí- ticamente como individuos sociales que realizan
un trabajo en el campo de la cultura dentro de un proceso de lucha de
clases. La Cooperativa no se margina de la realidad social cultural
y política del país sino que se margina de una clase,
la burguesía, para incorporarse a una clase revolucionaria: el
proletariado. La Cooperativa no busca hacer un cine de masas sino de
clase, que, en la práctica y en las condiciones concretas en que
la lucha se da en este momento, es un cine de sectores.
Documentar, testimoniar, contrainformar no basta. Ir detrás de
los aconteci-mientos no es suficiente aunque es útil y necesario
ir haciendo la memoria histórica en términos de cine de
las luchas revolucionarias del país. Hay que ir no sólo
al mismo ritmo sino adelante de los acontecimientos. La tarea del cine
político es relacionar, mostrar en lo esencial lo principal
y lo secundario, colocar en su contexto los hechos, las situaciones
políticas que la película recoge. El trabajo, el compromiso,
la lucha por alcanzar un cada vez mayor conocimiento político
del país por una comprensión crítica de éste
son lo fundamental.
Todo lo dicho no quiere decir que las contradicciones en el seno
de la Cooper-ativa hayan desaparecido o sido aplazadas, sino que
siguen existiendo sólo que en otro plano superior al de sus
inicios. Lo que al principio se planteaba ante todo como un problema
existencial ahora se plantea como un problema histórico. Las
contradicciones entre la concepción de autor y la colectiva
aún existen. ¿Es posible su coexistencia? ¿Es posible
una relación crítica?
¿Cómo realizar su transformación, su
superación? Por lo que estos problemas implican como
concepción del mundo como estructuras internalizadas, como con-
diciones reales existentes es preciso asumirlas de un modo real como
problemas.
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Los problemas no asumidos o asumidos con una conciencia falsa, las
insuficiencias teóricas, se convierten en crisis existenciales;
no en problemas históricos superables.
La Cooperativa de Cine Marginal no es el cine revolucionario, es una
posibil-idad de cine revolucionario. El trabajo desarrollado hasta ahora
es lo que le permite ser una posibilidad real y no un mero proyecto. De
la superación de sus contradicciones depende su futuro. No el
del cine revolucionario, que tarde o temprano cristalizará,
sino el de la Cooperativa.
Esta oración y la anterior usan modismos de la
época. "Quemar" refiere a fumar marijuana. "Cemento" quiere decir
inhalante solvente, y "pastas" son fármacos. Mendez se refiere
aquí a la manera en que diferencias en clase social se reflejan
en diferencias en el consumo de drogas. |